Dura y emotiva: «El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes», de Tatiana Ţîbuleac

«El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes», de Tatiana Ţîbuleac (2016; Ed. Impedimenta, 2019)

Sinopsis:

Aleksy aún recuerda el último verano que pasó con su madre. Han transcurrido muchos años desde entonces, pero, cuando su psiquiatra le recomienda revivir esa época como posible remedio al bloqueo artístico que está sufriendo como pintor, Aleksy no tarda en sumergirse en su memoria y vuelve a verse sacudido por las emociones que lo asediaron cuando llegaron a aquel pueblecito vacacional francés: el rencor, la tristeza, la rabia. ¿Cómo superar la desaparición de su hermana? ¿Cómo perdonar a la madre que lo rechazó? ¿Cómo enfrentarse a la enfermedad que la está consumiendo? Este es el relato de un verano de reconciliación, de tres meses en los que madre e hijo por fin bajan las armas, espoleados por la llegada de lo inevitable y por la necesidad de hacer las paces entre sí y consigo mismos.

Opinión:

La reseña de hoy corresponde a uno de los títulos que me llamaron la atención, en el stand de la editorial Impedimenta, durante mi visita a la Feria del Libro de Madrid de 2022. Un par de señoras comentaron a mi lado algunas de sus impresiones con la persona tras el mostrador y, al escucharlos, decidí comprar la novela en formato digital para llevármela como lectura durante estas vacaciones de verano.

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes es la primera novela de Tatiana Ţîbuleac, una autora moldova que cosechó con ella excelentes críticas y reconocimientos tanto a nivel nacional como internacional. Y la verdad es que impresiona, pues no hay muchos títulos en el mercado que aborden la relación maternofilial desde la perspectiva de un adolescente que alberga un rencor y desprecio tan grande hacia su madre que hiere al lector nada más empezar a navegar entre sus páginas.

Aquella mañana en que la odiaba más que nunca, mi madre cumplió treinta y nueve años. Era bajita y gorda, tonta y fea. Era la madre más inútil que haya existido jamás. Yo la miraba desde la ventana mientras ella esperaba junto a la puerta de la escuela como una pordiosera. La habría matado con medio pensamiento.

Así de rotunda comienza esta narración que sorprende por el estilo crudo, descarnado, directo y hasta cruel que muestra su autora. ¿Quién puede albergar ese odio hacia su madre?, es la consecuente pregunta que me hice; porque ninguna madre es perfecta, cometen errores como cualquier ser humano, pero muy mal lo ha tenido que hacer para que un hijo se refiera de esa manera a su madre, a quien se le otorga la capacidad natural de sacrificio por sus hijos. Con la intriga por conocer al sujeto al que de entrada imaginé en un reformatorio y el convencimiento de que esta lectura iba a suponer toda una experiencia lectora, me sumergí en la historia narrada por Aleksy, un pintor de éxito que, en mitad de un bloqueo artístico y aconsejado por su psiquiatra, comienza a plasmar en papel todos los recuerdos y emociones del último verano que pasó con su madre en un pueblo de Francia.

Durante varios años, Aleksy estuvo recluido y en tratamiento en un centro de menores a raíz de un episodio de violencia contra otro chico y los problemas psiquiátricos detectados. A los dieciocho años, era un chaval lleno de resentimiento: hacia un padre borracho que siempre lo habló con desprecio y que terminó por abandonarlos; hacia una madre que, por no superar la pérdida de una hija, le negó los cuidados y el amor debidos. Pero, también, era un chaval lleno de tristeza por la muerte de su hermana pequeña —a quien adoraba— y por la falta de amor materno con la que creció. Sin embargo, aquel verano Aleksy se deja convencer por su madre y ambos emprenden un viaje hacia un pequeño pueblo de la campiña francesa. Con el transcurso de los días en aquella casa alquilada junto a hermosos campos de girasoles, la imagen horrenda que Aleksy tenía de su madre irá diluyéndose en otra, imperfecta, aunque real y más humana, en la que destacan sus ojos verdes. Asimismo, el odio y el desprecio que albergaba en su interior irá desapareciendo para dar paso a otros sentimientos más loables, de respeto y cariño hacia su progenitora, a quien terminará cuidando con ternura y devoción para sorpresa del lector.

No solo es Aleksy quien sufre una transformación interior. De forma indirecta, pues sucede a través de la mirada de Aleksy, esa madre tonta, fea e inútil incapaz de superar la pérdida de su hija pequeña por el bien de su hijo, se convertirá en una mujer de ojos esmeraldas que asume sus errores, que valora el tiempo que le resta con Aleksy y que reacciona de forma positiva para lograr su perdón antes de que sea demasiado tarde; una madre que termina sacrificándose por su hijo, señal del amor que siempre le profesó. Es ella el personaje de la historia que más me conmovió, pues al final uno se da cuenta que la madre tenía sus propios problemas, que necesitaba una ayuda que no tuvo y que terminó pagando su hijo; ambos fueron víctimas de una administración imperfecta.

A través de Aleksy —su protagonista—, Tatiana Ţîbuleac nos narra, con una intensidad bestial, con un dominio del tiempo y precisión del lenguaje asombrosos para ser su primera novela, una historia dura y triste, pero también una historia de perdón y redención, emotiva y bella. Si bien me noqueó la oscuridad de los pasajes iniciales, más me sorprendió la sencillez y naturalidad con la que la luz va colándose en los pasajes siguientes hasta dominar por completo la escritura. El lenguaje directo, cruel y descarnado inicial, va dando paso a otro más amable y, por momentos, lírico, acorde con los pensamientos y emociones que acompañan la catarsis de su protagonista y según evoluciona la relación maternofilial.

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes es una de esas lecturas duras y emotivas que nos invitan a reflexionar sobre las posibles consecuencias de crecer en hogares desestructurados, sin el amor y el cariño de los padres. Me ha encantado.

Mi valoración: 4.5/5

Puntuación: 4.5 de 5.
Tatiana Ţîbuleac

Tatiana Tîbuleac nació en 1978 en Chisináu, Moldavia. Hija única de un periodista y de la correctora de un periódico, ya en la universidad empezó a colaborar con diversos medios en calidad de traductora, correctora y reportera, mientras realizaba sus estudios de Periodismo y Comunicación. Se dio a conocer en 1995, cuando comenzó a publicar la columna «Historias verdaderas» en el periódico Flux, uno de los diarios más importantes en lengua rumana. En 2007 abandonó el periodismo para dedicarse por entero a la escritura, y al año siguiente se mudó a París. El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes (2016; Impedimenta 2019), su primera novela, impactó tanto a la crítica como a los lectores de Rumanía. Se ha traducido a varios idiomas, se ha convertido en un auténtico fenómeno literario, con adaptaciones para el teatro, y ha cosechado importantes reconocimientos en nuestro país, como el Premio Cálamo Libro del Año 2019, el Premio Las Librerías Recomiendan 2020 y el Premio Novela Europea Casino de Santiago 2020. Su segunda novela, El jardín de vidrio (2018; Impedimenta 2021), se alzó con el Premio de Literatura de la Unión Europea en 2019. Tatiana Tîbuleac vive y trabaja actualmente en París.

FICHA TÉCNICA:
Título: El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes
Autora: Tatiana Ţîbuleac
Traductora: Marian Ochoa de Eribe
Editorial: Impedimenta
Género: Narrativa contemporánea
Versión papel:
Encuadernación: Rústica con sobrecubierta
Formato: 13 x 20
ISBN: 978-84-17553-03-6
Fecha de publicación: 11/03/2019
Número de páginas: 256
Idioma: Español
Versión ebook: ePub


Escrito por

Viajar, es mi pasión. La lectura, mi adicción. El café y el chocolate, mi sostén. Familia y amigos, mi conexión a tierra.

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