Paola Peretti en “El árbol de las cerezas” nos anima a ser resilientes y a recuperar lo esencial

“El árbol de las cerezas”, de Paola Peretti (Seix Barral, 2019)

Sinopsis:

Mafalda es una niña de nueve años que adora ir a clase, jugar al fútbol y a su gato, Ottimo Turcaret. Está segura de que el espíritu de su abuela vive en el cerezo que hay en el patio de la escuela, junto a Cosimo, el protagonista de su libro favorito, ‘El Barón Rampante’. Mafalda siempre cuenta los pasos hasta la escuela y cada día son más los que necesita para ver el cerezo: la enfermedad de Stargardt que padece la está dejando ciega poco a poco. Mafalda intenta aceptar la oscuridad que se aproxima a pasos de gigante con una mezcla de terror y prodigiosa valentía. Junto con la extraordinaria Estella, la conserje de la escuela, aprenderá a subir al cerezo con los ojos cerrados y a hacer una lista de las cosas que más le gustan y que no quiere olvidar.

En este extraordinario, debut literario, Paola Peretti transmite con una fuerza contagiosa la  complejidad de su propia experiencia, pues ella misma está perdiendo la vista poco a poco. Con  vocación de clásico universal, inolvidables personajes y un lenguaje de intensa fuerza poética, El árbol de las cerezas supuso un acontecimiento editorial extraordinario, e incluso antes de su publicación los derechos se adquirieron en veinte países.

¿Somos aún capaces de recuperar lo esencial, lo verdaderamente valioso de nuestra experiencia vital? ¿Es posible conservar aquello que conocemos y amamos, y a la vez dar un salto hacia lo desconocido? Mafalda conoce, más temprano que muchos otros, el vacío de la pérdida, pero también la belleza infinita de la amistad y el amor, y aprende que la aceptación no es renuncia. Una novela  sensible, exquisita y osada, para lectores de todas las épocas y todas las edades.

Opinión personal:

El árbol de las cerezas estaba entre la lista de sugerencias que me ofrecía repetidamente mi dispositivo de lectura cuando lo abría. La portada no me llamó la atención; las ramas de un cerezo y la cola de un gato inspiran poco a la hora de soñar, la verdad. Lo que hizo que cayera en la tentación y adquiriese esta novela fue leer la reseña de la editorial en la que se decía «Sorprendente como Nada, esencial como El Principito, universal como El Barón Rampante y original como La elegancia del erizo». De las otras no digo nada, es cuestión de gustos, más bien, pero, ¿esencial como El Principito? Hay que estar muy seguro de la calidad de una obra para atreverse a compararla con la de Antoine de Saint-Exupéry. De modo que, una vez comprada al gigante francés de la distribución y descargada en mi tableta, mi curiosidad lectora me llevó a devorarla ese mismo atardecer en mi jardín.

Si tengo que resumir mi opinión de esta novela con una palabra, elegiría preciosa. ¡Qué bonita! Me ha encantado, y estoy segura de que la leeré varias veces en mi vida. Me emocioné, aunque no fue por Mafalda…

El árbol de las cerezas es la historia de Mafalda, una niña de nueve años que padece la enfermedad de Stargardt, una distrofia de la mácula ocular que hace que perciba una especie de niebla o manchas negras que cada vez se hacen más grandes, hasta que llegue el día en que la oscuridad sea total.

«A todos los niños les da miedo la oscuridad, y a mí también, porque para mí la oscuridad es una venda en los ojos que me puse para jugar y ya no pude quitarme».

Mafalda, protagonista y narradora de su propia historia, tiene un gato llamado Óptimo Turcaret y guarda un cuaderno secreto con su propia lista de cosas importantes, de la que va tachando aquellas que considera que no podrá realizar o tener según la pérdida de visión es mayor. Ella cree que el espíritu de su abuela se mudó al cerezo que hay en el patio de su escuela y que vive allí junto a Cosimo, el protagonista de su cuento preferido, El Barón Rampante, y a quien ruega ayuda, cada noche, cuando siente miedo.

Los capítulos de esta novela se agrupan bajo partes bien diferenciadas que se corresponden con la distancia que necesita Mafalda para visualizar el cerezo. Los metros entre ella y el árbol se acortan y, según progresaba en la lectura, mi corazón se encogía al comprender lo que esto significaba, intentando prepararme para un final que intuía triste. Aunque, en cierto modo, me equivoqué.

El personaje de Mafalda conmueve, despierta ternura. Es una niña que sufre en silencio, que renuncia a cosas que una vez fueron importantes para ella, que lucha por ser valiente y aceptar los cambios que se producen en su vida, mientras intenta seguir el consejo de su amiga Estella y descubrir lo que es esencial, como lo era la rosa para El Principito.

«Encuentra tu rosa, Mafalda. Lo que para ti es esencial. Una cosa que puedas hacer sin ojos».

Los personajes secundarios de El árbol de las cerezas acompañan a Mafalda en su caminar hacia la oscuridad. Amigos que tras recorrer un breve trayecto se dejan atrás, como Chiara, y nuevos amigos que se quedan, como Filippo, que le enseña a disfrutar de cosas para las que no necesita ver, como cantar o sentir el viento cuando se deslizan en trineo por la nieve. Unos padres que la quieren mucho, pero que se muestran tristes y asustados, y otros adultos como Estella, una mujer de Rumanía que trabaja como bedel en su colegio, valiente como una guerrera amazona frente a las adversidades. Y me sorprendió, para bien, encontrar esa fortaleza en un niño y en el adulto que menos esperaba. De hecho, son los personajes de Filippo y, en especial, Estella, los que contribuyen a dar profundidad y fuerza a la narración. Sin ellos, la historia resultaría demasiado lineal.

Si tengo que poner algún “pero” a El árbol de las cerezas, pondría dos. El primero, y de tono menor, la traducción del título original La distanza tra me e il ciliegio (literalmente, La distancia entre el cerezo y yo), algo que me parece más significativo que El árbol de las cerezas, que siempre se ha llamado y se llama cerezo, y que como título pierde sentido. El segundo, de mayor calado, que Mafalda tiene ideas que no son propias de una niña de 9/10 años, sino más pequeña. Esta última característica, junto con el tipo de estructura y desarrollo, y la aparición de un solo personaje principal, hace que, más que una novela corta que se lee del tirón, El árbol de las cerezas parezca un cuento largo inspirado en la propia experiencia de la autora que, al igual que su protagonista, también padece una enfermedad ocular.

El árbol de las cerezas es una novela corta (o cuento largo) conmovedora y positiva que nos hace reflexionar sobre lo esencial de la vida y la importancia de no rendirse jamás, pues quien tiene miedo, no vive. A veces necesitamos lecturas tan bonitas como esta, que nos recuerden que la actitud y la capacidad de adaptación (resiliencia) son determinantes para vencer situaciones aciagas.

Mi valoración: 4.5/5

Paola Peretti, nacida en 1986 cerca de Mantua, creció en la provincia de Verona, donde vive y enseña italiano a niños inmigrantes. Los derechos de edición de su primera novela, La distanza tra me e il ciliegio (2018), han sido adquiridos en veinte países. En España, se ha editado como El árbol de las cerezas (Seix Barral, 2019).

FICHA TÉCNICA:
Título: El árbol de las cerezas
Autora: Paola Peretti
Traductor: Isabel González-Gallarza
Editorial: Seix Barral
Género: Narrativa contemporánea
Fecha de publicación: 14/05/2019
Idioma: Español
Papel:
Formato: 13,3 x 23 cm
Presentación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-322-3509-2
Nº de páginas: 224
eBook: ePub
ASIN: B07QCHVXHL

Escrito por

Viajar, es mi pasión. La lectura, mi adicción. El café y el chocolate, mi sostén. Familia y amigos, mi conexión a tierra.

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