Tranquila, mamá

Espero que leas esto, mamá, porque ya no se me ocurren muchas más cosas para ponerme en contacto con vosotros.

Ayer, cuando mi avión aterrizó en Ciudad de México, pude enviaros un mensaje con esta minúscula información. Y sí, ya leí que os avisara cuando llegase al hotel, pero me fue imposible. Cuando me encontraba en la cola de gente a la espera de pasar el control de migración, se me escapó el móvil de las manos y fue a estrellarse contra el suelo. Resultado: se le ha ido el display y no funcionan las teclas. Da pena verlo. Tras recogerlo del suelo lo reinicié, por si un milagro lo devolvía a la vida, y solo conseguí que la tarjeta SIM se bloqueara. Imposible hacer llamadas con él.

Menos mal que venían a recogerme para acompañarme al hotel. Así que estoy aquí, en un establecimiento de lujo seguro para los turistas y en pleno centro histórico de la ciudad. ¡Ojalá vierais las vistas maravillosas que disfruto desde mi habitación en el piso veinticuatro!

Ahora, en México, son algo más de las 4:30 A.M. Tras hacer el check-in probé a llamaros, pero descubrí que no me permiten hacer llamadas internacionales. Supongo que como los gastos cargados a la habitación durante mi estancia los paga otra empresa, han restringido este servicio. Después de pensar, os envié un email —fue un acierto traer el ordenador—, pero a saber cuándo lo veréis. Y eso, una vez barajada y descartada la opción de pedir a un/a amigo/a de Facebook que os llamase.

¿Sabéis que hay altavoces colocados por toda la ciudad para alertar a la población de los temblores? Una de las personas que vino a recogerme me lo comentó. Me hizo gracia el chascarrillo de que todos sus vecinos se conocen en pijama. Por lo visto, antes de ayer dieron la alarma y la gente dejó todo, abandonó los vehículos, salió de sus casas y puso distancia de los edificios altos para buscar las zonas señalizadas como «seguras». Allí permanecen a la expectativa, desconocidos de repente hermanos hasta que las alarmas dejan de escucharse.

En fin, mamá. Estoy prácticamente incomunicada hasta mi regreso. Pero tranquilos, estoy bien.

Escrito por

Viajar, es mi pasión. La lectura, mi adicción. El café y el chocolate, mi sostén. Familia y amigos, mi conexión a tierra.

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