‘El jilguero’: ¿Quién engaña a Donna Tartt?

Título: El jilguero DT_ElJilguero
Autor: Donna Tartt
Traductor: Aurora Echevarría Pérez
Género: Narrativa contemporánea de suspense
Editorial: Lumen
Fecha de publicación: 03/2014
Formato: Tapa blanda con solapa
ISBN: 9788426422439
Páginas: 1152         
Idioma: español

Sinopsis:

Al empezar El jilguero, entramos en una habitación de hotel en Ámsterdam. Theo Decker lleva más de una semana encerrado entre estas cuatro paredes, fumando sin parar, bebiendo vodka y masticando miedo. Es un hombre joven, pero su historia es larga y ni él sabe bien por qué ha llegado hasta aquí.

¿Cómo empezó todo? Con una explosión en el Metropolitan Museum de Nueva York hace unos diez años y la imagen de un jilguero de plumas doradas, un cuadro espléndido del siglo XVII que desapareció entre el polvo y los cascotes. Quien se lo llevó fue el mismo Theo, un chiquillo entonces, que de pronto se quedó huérfano de madre y se dedicó a malgastar su vida, mientras el recuerdo de una niña pelirroja llenaba sus noches y un bulto sospechoso iba pasando de mano en mano hasta llegar a Holanda.

¿Cómo acabará todo? Para saberlo hay que dejarse llevar por el talento de Donna Tartt, la autora que ha conseguido poner al día las reglas de los grandes maestros del siglo XIX, siguiendo a Dickens pero también a los personajes de Breaking Bad, y aquí está El jilguero, probablemente el primer clásico del siglo XXI.

Opinión personal:

¿QUIÉN ENGAÑA A DONNA TARTT?

«No escogemos lo que queremos y lo que no queremos, esta es la única y cruda verdad. A veces queremos lo que queremos aunque sepamos que nos matará. No podemos escapar de quienes somos».

Había leído un par de artículos en prensa que recomendaban, con gran entusiasmo, la lectura de El jilguero, de Donna Tartt. Esperanzada con descubrir algo nuevo le di la vara a mi pareja, cierto día, para hacerme urgentemente con la novela. La gran pregunta es, ¿por qué, cuando nunca me hace caso, esta vez sí lo hizo? ¡Cuánto mejor hubiera sido tener algo para reprocharle que haber ingresado en el club de lectores de esta autora!

El libro relata una historia con vocación de thriller. Para ello va encadenando una serie de situaciones sobrevenidas que al combinarse multiplican sus efectos embrollando al máximo la trama. El problema es que esta sucesión de situaciones se producen por la exclusiva estulticia, idiocia y falta de criterio de los personajes. Cada vez que uno de ellos se ve ante una disyuntiva, siempre elige la opción más estúpida.

Los personajes son, además, de aurora boreal. Es muy difícil encontrar semejante cantidad por metro cuadrado de drogadictos, borrachos, maltratadores, ladrones, golfos, parásitos sociales, locos y «guarrillas». Solamente el personaje del viejo restaurador se salva, aunque sea a medias, de este túnel de los horrores.

A pesar de todo lo anterior, la trama principal es absolutamente previsible. Queda la sensación de «tanto leer, para nada». Y eso que lo absurdo de las diferentes decisiones que se van tomando coadyuva de manera singular a mantener la atención en la lectura.

Quizá algo de lo más relevante de la narración sea su total falta de ritmo. Combina escenas ultrarrápidas —en la mejor tradición de los guiones televisivos— con recreaciones pretendidamente intelectuales que, siendo muy largas, no son más que retórica huera y simplismo. Y lo que es peor: la autora transmite, con fidelidad extrema, su falta de criterio. Páginas y páginas de desbarre terminan sin que jamás se identifique qué es lo que nos quiere decir. O, tal vez, es que no quiere decir nada pero lo envuelve en una verborrea insoportable.

Dos ejemplos especialmente notables de esto los encontramos al principio y al final de la novela. Al comienzo, cuando se recrea ad nauseam en el atentado que, pretendiendo transmitir la atmósfera angustiosa y asfixiante, termina por aburrir. Por otro lado, el epílogo es de traca; la autora, ¿qué nos quiere decir? Es muy difícil tratar de endosarnos una moralina basada en las actitudes de un sinvergüenza desaprensivo —permanentemente ebrio y drogado—, que no duda en utilizar a todos aquellos con los que se cruza. Parece, en un momento, que busca redimirse por amor gracias a una chica que —debido a las secuelas del atentado—, sufre trastornos psíquicos. Pero aunque, como decía Jack Lemmon en Con faldas y a lo loco, «nadie es perfecto», la chica le da calabazas por mucho que trate de justificar que lo hace por el bien de ambos. El caso es que se queda sin chica y sin redención. (Esto último no puede considerarse spoiler porque es algo que queda claro durante toda la narración).

Además, siguiendo las modas más actuales, Tartt se recrea en la casquería de manera totalmente innecesaria.

Acabo este elogio de El jilguero con una pequeña reflexión basada en la nada. Da la impresión que la autora ha sido llevada por su entorno al convencimiento de que su intelecto es algo rara vez encontrado al sur del Mississippi. Por eso se empeña en trascender las obviedades más apodícticas y los razonamientos más superficiales. Es de muy alto riesgo creerse las adulaciones del club del incienso pues a mí me parece de lo más patético encontrarse con un pseudointelectual que se pone en evidencia.

He leído después El secreto, la primera novela de Donna Tartt, y ya he llegado a la conclusión de que esta escritora no ha conocido en su vida más que a desechos humanos, náufragos desde su más tierna infancia del alcohol y la droga, porque ningún personaje es medio normal. No obstante, eso sí, tabaco a cascoporro.

En fin, por si no ha quedado claro, El jilguero no me ha gustado. Para mi asombro leo que a esta novela le han concedido el Premio Pulitzer 2014 a la mejor obra de ficción. Ni la autora podía llegar a más, ni el Pulitzer a menos.

Mi valoración: 1.5/5

Donna Tartt es una escritora estadounidense nacida el 23 de diciembre de 1963 en Greenwood (Mississippi). Se dio a conocer al gran público con El secreto (1992), su primera novela, hoy traducida a 24 idiomas. Tuvieron que transcurrir once años para que su segunda novela, Un juego de niños (2003), viera la luz, aproximadamente el mismo tiempo que le llevó El jilguero (2014), su tercera novela. Los tres títulos han sido publicados bajo el sello editorial de Lumen.

«Mucha gente me dice, ¿por qué no escribes libros más rápido? Y lo he intentado, sólo para ver si era capaz. Pero trabajar de esa manera no es algo natural para mí. Estaría triste si sacase un libro cada tres o cuatro años. Y si yo no me divierto escribiendo, la gente no va a divertirse leyendo». (Donna Tartt)

El jilguero ha cosechado un éxito sin precedentes en Estados Unidos y Europa, y le ha valido a su autora el Premio Pulitzer 2014 a la mejor obra de ficción.

Escrito por

Viajar, es mi pasión. La lectura, mi adicción. El café y el chocolate, mi sostén. Familia y amigos, mi conexión a tierra.

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