Un poco de amor

Título: Un Poco de Amor AG_A3_UnPocodeAmor
Título original: A Helping of Love
Serie: Of Love#3
Autor: Andrew Grey
Género: Romance Homoerótico Contemporáneo
Editorial: Dreamspinner Press
ISBN-13: 978-1-62380-376-6
Longitud: 189 páginas
Fecha de la edición en español: 17/09/2013

Sinopsis:

Si Peter Christopoulos ha aprendido algo de sus tres años en silla de ruedas, es que a la gente le cuesta ver más allá del armazón. Cuando le propone a Russ Baker salir con él tras darle un presupuesto de material para un nuevo restaurante griego, acaba decepcionado pero no sorprendido de que se negara. 

Russ ha estado excusando a su novio abusivo durante tanto tiempo que ya es casi automático, pero, con algo de ayuda de sus amigos, consigue reunir el coraje para romper con él. Para su sorpresa, Peter todavía está interesado y, pronto, caen prendados el uno del otro con rapidez e intensidad. Pero entonces algo agita su mundo: Peter encuentra una vieja carta que le revela la existencia de una media hermana que nunca ha conocido y el pasado de Russ interfiere entre ellos cuando su ex deja claro que hará todo lo posible para recuperarlo.

Opinión personal:  

Un poco de amor es la tercera entrega de la serie Of Love, de Andrew Grey, tras Probando el amor y Servido con amor, todas ellas editadas por Dreamspinner Press.

Estaba impaciente por leer esta novela. Ya había visto la portada y leído el resumen de la edición en inglés, y me resultaba especialmente llamativo que uno de los protagonistas fuera minusválido. Lo primero que pensé fue «¡Cómo narices se las ingenia Grey para meterse en estos jardines!». (Y repetidamente). Reconozco que inicialmente no di relevancia a las palabras «novio abusivo», pues ya son muchos los relatos de romance homoerótico donde uno de los personajes tiene un (ex)novio violento. Sin embargo, cuando comencé a devorarla y leí «violencia doméstica» y los hábitos obsesivos infundidos en el personaje que la sufre, me llevé una sorpresa. La novela parecía tomar un cariz algo más serio. Mi curiosidad por saber cómo Andrew Grey abordaría no ya uno, sino dos temas tan sensibles y complejos en la sociedad actual «sin meter la pata» creció. Y me refiero a la cuestión de la sexualidad en personas con discapacidad (en este caso física) y a la violencia doméstica en relaciones de parejas del mismo sexo.

La gente suele pensar que las personas que están en silla de ruedas no tienen vida sexual activa. Asimismo, a menudo asocia «violencia doméstica» o «violencia de género» a casos donde la mujer es víctima de maltrato, cuando también hay hombres maltratados, aunque sea en menor medida. De modo que, ¿cómo podía Grey escribir un relato de romance entre dos hombres que están en una u otra situación y hacerlo, al menos, medianamente creíble?

La novela aborda la historia de amor entre Peter y Russ. El primero es un atleta cuyas esperanzas de competir en unas olimpiadas se vieron truncadas al resultar lesionado por un conductor borracho, dejándolo parapléjico. Con el tiempo ha aceptado su condición y ha logrado adaptarse a la situación, de modo que vive solo y posee un trabajo que le proporciona independencia en una empresa de suministros para restauración. A través de éste conoce a Russ, el chef del nuevo restaurante de cocina griega que los propietarios del Café Belgie (Darryl y Billy, la pareja protagonista de Probando el amor) proyectan abrir. Aunque la atracción es instantánea, en un primer momento Russ no acepta el flirteo de Peter. Éste piensa que es debido a la silla de ruedas (está convencido de que nadie puede ir más allá y molestarse en ver a la persona, a él), pero lo cierto es que Russ está involucrado en una relación abusiva con su novio Barry. Como no podía ser de otra manera, Peter y nuestros amigos del Café Belgie ayudarán a Russ para que vea la realidad y abandone a Barry, mientras nace el amor entre Peter y Russ.

Creo que Andrew Grey ha sido muy valiente por construir esta historia contemporánea, la cual es muy tierna y esperanzadora. Es todo un alegato novelado a favor de la autoestima, la dignidad, la superación personal y la fuerza del amor. Y ello me encanta y aprecio. Considerando que las publicaciones que incluyen personajes con problemas de discapacidad son escasas, es de agradecer que el autor haya hecho un esfuerzo en este sentido. Sin embargo, no me emocioné con la narración y los personajes no me parecieron «reales», especialmente Peter.

Sí, es cierto que en Russ podemos ver muchas de las características que presentan las personas maltratadas (baja autoestima, sometimiento a la voluntad del maltratador, etc.), pero no sentí su vergüenza, su miedo, el abuso. Esperaba emocionarme, pero no fue así.

Con el personaje de Peter tampoco logré conectarme porque su discapacidad me resultó confusa. Es como si Grey hubiera decidido que uno de los protagonistas fuera parapléjico, que quisiera destacar su autonomía e independencia, transmitir que uno puede seguir adelante con esta discapacidad (lo cual está fenomenal), pero obviara las limitaciones reales que conlleva las lesiones medulares, incluso las incompletas. Por ejemplo, ¿cómo puede «embestir», mover la cadera? ¿Cómo tiene ese control total de las erecciones? Es de suponer que si tiene paraplejia tras un accidente de tráfico, es debido a una lesión medular; si no fuera así, ¿qué le impide andar?

Hay también detalles de tono menor que «crujen», pero seguro que para muchos pasarán desapercibidos. Peter tiene un vehículo modificado para discapacitados y para subir a él, se pone al lado del asiento del conductor, se sube en él y, una vez acomodado, «pliega» su silla habitual y la coloca detrás del asiento. Si la silla es de tipo plegable, me resulta difícil visualizar esta tarea -recogida varias veces en la novela- y eso que doy por hecho que las puertas son de apertura opuesta. Además, las sillas más habituales son de chasis rígido, las cuales se «desarman» (se extraen las ruedas y se quita el cojín del asiento, de modo que sólo queda la estructura, más manejable), y sus componentes se guardan en el vehículo. Asimismo me resulta imposible concebir que, desde el asiento del conductor, Peter cargue detrás, sin ayuda, su silla de atletismo (más voluminosa, con 3 ruedas y un eje rígido central). Y del todo inusual, que la utilice para entrar en un restaurante (no hay espacio; además, los corredores fueran de las pistas no utilizan las sillas de carreras).

“Ayúdame a ir dentro, por favor —consiguió decir, y Russ abrió el maletero y sacó la silla de carreras. Peter se sentó en ella y Russ lo guió hacia la puerta [del restaurante Acrópolis].” (Pág. 156).

Y quiero entender, en este mismo párrafo, que «ayudar» consiste sólo en bajar la silla de carreras y acercársela, y que «guiar» es «ir delante mostrando camino», pues no tendría sentido que alguien diferente al propio discapacitado empujase ese tipo de silla.

Dejando a un lado los detalles específicos de la discapacidad, se desarrolla una historia secundaria sobre una hermana de Peter a la que no veo ningún problema, salvo que termina estableciendo una conexión con cierto personaje que prefiero no citar. (¡Qué casualidad!). En mi modesta opinión, no hacía falta crear esta otra historia para aumentar el interés de la novela; particularmente, hubiera preferido que el autor añadiera una perspectiva de Barry (el maltratador) y que la trama se prolongara lo suficiente para darnos a conocer su reacción al enterarse de las medidas tomadas contra él. (¿Las aceptaría sin más o reaccionaría con violencia?; me quedé con ganas de saberlo).  

Un poco de amor es una novela tierna, positiva e interesante. Contiene un mensaje lleno de esperanza, aunque se echa de menos una dosis mayor de realidad.

Mi valoración: 3,5/5

Escrito por

Viajar, es mi pasión. La lectura, mi adicción. El café y el chocolate, mi sostén. Familia y amigos, mi conexión a tierra.

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